Honestos, sinceros y siempre alerta

Buena parte de la expresión de un caballo está en sus ojos. Cuanto más grandes sean, más tentados estaremos de asomarnos dentro, por eso es un animal transparente que muestra sus emociones. El ojo del caballo tiene el doble de tamaño que el de un ser humano, y desde luego carece de la astucia para camuflar los sentimientos que tenemos nosotros. El miedo, la alegría, la inquietud y el agradecimiento brotarán en su mirada con toda la intensidad que sientan percutiendo en su cerebro.

Tienen además un campo de visión mayor del que tenemos nosotros. La posición de sus ojos a los lados de la cabeza le permite una visión periférica similar a la de otros animales depredados. Cuando puedes ser la comida de otro no basta con ser rápido en la huida, hay también que detectar la amenaza a tiempo, y por ello el caballo mueve su cabeza constantemente de un lado a otro, configurando la imagen tridimensional que necesita para comprender su entorno.

Es importante que un caballo pueda ver los objetos con ambos ojos. No debemos asumir que si acepta algo por su lado izquierdo, automáticamente lo va a hacer también por el derecho. En los entrenamientos de los caballos para las sesiones de equinoterapia les  mostramos los objetos de frente, dándoles ocasión de verlos con su visión binocular, y luego los movemos alternativamente hacía un lado y otro para que entren en su campo de visión monocular y aprendan a mostrarse tranquilos a pesar de la transición visual brusca. Este es el momento en el que un caballo es más susceptible de asustarse, cuando un objeto pasa de un campo de visión a otro, o cuando entra y sale de sus puntos ciegos como son la zona de la cola, debajo de la cabeza y la nariz, el dorso y delante justo de su frente.

¡Así que cuando veas a alguien moviendo y agitando cosas alrededor de un caballo, no pienses que le está haciendo un conjuro!            

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